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No puedes salvar a todos (pero eso no importa)

No puedes salvar a todos (pero eso no importa)

Desde que entré a hacer trabajo de voluntariado para VEAP hace cuatro años, una de las preguntas más frecuentes que la gente me hace al enterarse de ello es: ¿Cómo es hacer voluntariado? Por desgracia, el intentar responderla correctamente es complicado y la gente suele tomar la respuesta como una muestra de modestia o como fruto de un episodio de pesimismo. «Creo que es admirable, porque, a como están las cosas, alguien tiene que hacer algo». «Seguro estás muy satisfecha». Estos intentos de levantar la moral probablemente se deben a que mis palabras no representan el discurso que se suele dar para promocionar las oportunidades para hacer el voluntariado. Slogans como «Sé parte del cambio», «Tú puedes hacer la diferencia», «Con tu ayuda podremos salvar a…» son de los más frecuentes en invitaciones para formar parte de algún equipo de voluntarios y quizá lo que hace que, al parecer, la imagen que se tiene del voluntario sea más la de un ser heroico e incansable, que con brío va por el mundo eliminando injusticias. Un valiente Perseo que con un golpe certero logra deshacerse de Ceto y no un Sísifo, a quien, en lo personal, considero una analogía más acertada. Es por eso que quiero aprovechar la oportunidad para dar una respuesta por escrito a esa pregunta tan común.

Hace unos meses, al ayudar a recolectar fondos para el caso de un perrito víctima de maltrato cuyas heridas habían sido severas, pero cuyo pronóstico médico era favorable, me encontré con lo que ha sido hasta el momento la mayor apatía hacia mi trabajo dentro de VEAP. Entre este desinterés, hubo un comentario que me afectó especialmente: «Yo creo que lo mejor es que lo duerman; al fin y al cabo, no puedes salvar a todos». Me entristeció que el comentario tuviera razón en una cosa: no se puede salvar a todos, y me enfureció porque es muy común escuchar eso como una justificación para la inacción ante el horror. Pero ahora me parece perfecto para explicar la experiencia como voluntario.

Es raro que exista persona voluntaria que sea ingenua. En un mundo como el del día presente, —tan parecido a todos los mundos anteriores—, caótico, injusto y cruel, sabes que después de todo tu esfuerzo el mundo seguirá casi igual; entonces, ¿por qué hacerlo? La respuesta es casi sencilla: Como acto de dignidad, no podemos permitirnos olvidar el valor que tiene una vida. Iniciando por la propia, no aceptarse como una simple víctima del mundo y no dar oportunidad a lo peor de este de tomar lo mejor de nosotros. El usar de pretexto el no poder salvar a todos es como decir que, debido a la inminencia de la muerte, deberíamos dejar de mirar a ambos lados al cruzar la calle.

Ahora, he dicho que no somos ingenuos. Sabemos que el salvar una vida tampoco es una opción realista; no se puede solucionar la vida de una persona o cualquier ser viviente, no es posible esconder del dolor ni de la muerte, no de forma permanente, pero el no dejarle solo en el momento de necesidad, el mirarle y hacerle saber que lo reconoces como alguien es más poderoso de lo que puedes imaginar y eso lo puedo atestiguar de primera mano, pues yo he recibido ayuda de un aliado de VEAP. Me encontraba en quiebra, desempleada y con depresión, sin opción de recibir gran ayuda por parte de la familia, amigos o el Estado. No creo que la voluntaria que me atendió conozca la magnitud de su acción; el estar en ese momento fue todo para mí. No solucionó mi vida; yo tuve que esforzarme mucho, pero al mismo tiempo, gracias a su labor de voluntariado estoy aquí, escribiendo esto e intentando estar en el mundo para el mundo, como un simple acto de dignidad, como un simple acto de humanidad.

Quiero aclarar que esto no quiere decir que en el voluntariado no se busque generar acciones que hagan cambios amplios y profundos a largo plazo, o que eso nunca se logre, pero para resistir la presión de la labor es necesario recordar esto como motor fundamental, porque la desesperanza siempre está al acecho y eso es innegable, pues si bien verás lo mejor del ser humano, también lo peor. Es por eso que, si quieren que les diga cómo es hacer voluntariado, probablemente comenzaría diciéndoles que es algo así como ser un Sísifo feliz.

Por cierto, el perrito que mencioné ahora está completamente recuperado, es amado y vive feliz. No pensabas que iba a dejarte con esa incertidumbre, ¿verdad?

Ivonne C. Robles

Por: Ivonne C. Robles

Diseñadora de la comunicación gráfica
México
Coordinación de comunicaciones VEAPatitas