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Voluntariado: Organización y productividad

Por Julio Principe
Cuidar de mí para poder contribuir con el cuidado de otros.
Si has viajado alguna vez en avión (y si no lo has hecho, te contamos un poquito), antes de iniciar el vuelo los tripulantes te dicen las reglas de seguridad durante el vuelo.
Una de ellas dice más o menos así: “Si durante el vuelo al avión sufriera una descompresión, mantenga la calma. Unas mascarillas de oxígeno caerán del techo, póngasela y respire normalmente. Si viaja al lado de un menor o de una persona que necesite asistencia, póngase usted primero la mascarilla y luego asista a la persona a ponérsela”.
Por supuesto, esto no significa que en el avión odien a los menores, ancianos o personas con impedimentos físicos, y que les gusta que sufran. Lo que significa es: si tú no te cuidas a ti, no podrás cuidar del otro. Si tú no estás tranquilo, no podrás ayudar a tranquilizar al otro.
Y ese es uno de los retos más importantes para las personas que trabajan como profesionales de la ayuda y también para los voluntarios: ¿estoy realmente cuidándome o estoy desgastándome al punto de hacer más daño?
El amor que quieres poner al servicio de otros, necesita empezar contigo.

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Durante muchos años vengo entrenando personas en diferentes organizaciones para aprender a vivir una vida saludable, equilibrada, balanceada en los diferentes roles.
Hay personas que prefieren los enfoques de “enfocarse en lo importante” y evitar que las urgencias nos ganen. Pero, la verdad, es difícil llevar esto a la práctica y sostenerla, ya que la famosa priorización es una buena idea, muy filosófica, pero poco práctica.
Yo prefiero trabajar más en el enfoque de eliminar asuntos pendientes y organizar nuestra agenda como una especie de “plan de producción”, no sólo laboral sino también personal. Aun cuando he notado sus buenos resultados en mis clientes y en mi propia vida, sentía que algo faltaba.
Hasta que un día lo descubrí: no todos necesitamos (ni podemos) tener agendas con horarios y temas estrictos, por más colorida y divertida que la hagamos.
Hay personas que disfrutan y pueden hacerlo; por ejemplo, los gerentes. Hacen citas en su agenda y las cumplen, en buena cuenta gracias al poder que tienen en sus organizaciones.
¿Y qué hay de los artistas, escritores, consultores, programadores y voluntarios? Tal vez en este grupo lo que necesitamos incluir es agendas totalmente bloqueadas; separar toda la mañana para investigar sobre un tema específico, separar toda la tarde para el voluntariado.
Empezar a entender las técnicas de productividad y organización, adaptándolas a nuestras características personales y profesionales, es la clave.