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Elogio al voluntariado

MARIO VARGAS LLOSA sostiene que la buena literatura puede influenciar en quienes la leen a tal grado de llevarlos a cuestionarse los valores de la sociedad en la que viven. Afirma también que sin literatura estamos condenados a la barbarie espiritual y a perder nuestra libertad. No he sido nunca ajeno a estas afirmaciones. Cuando empecé a leer las novelas de grandes escritores que además realizaron acciones nobles en beneficio del prójimo me sentí bastante conmovido. Saber que Hemingway en su juventud fue voluntario de la Cruz Roja Americana y condujo ambulancias en el frente italiano durante la primera guerra mundial y que Faulkner pese a ser rechazado por su baja estatura insistió en presentarse como piloto de la Fuerza Aérea estadounidense para luchar por su patria hasta que lo aceptaron, me llevó a tratar de imitarlos aunque en el fondo sabía que probablemente fracasaría. A los 23 años tenía unas ganas enormes de contribuir en algo con mi país, aunque solo fuese con un grano de arena. Fue por ello que me presenté a la Compañía de Bomberos de mi distrito. ¿Por qué quieres ser bombero? Me preguntó el comandante de turno durante la entrevista de selección. Porque quiero hacer patria, respondí sin dudarlo influenciado por los libros que había leído. Me aceptaron; primero fui postulante y luego bombero alumno. Estuve cerca de dos años, aprendí mucho y aunque no tuve la oportunidad de ir a grandes incendios ni participé en arriesgadas operaciones de rescate, puede realizar algo bastante significativo: salvar a mi pequeña sobrina de morir. Ocurrió cuando ella era una bebé de casi tres años. Un día que sus padres habían salido, mientras comía algo se atragantó. La primera en correr a auxiliarla fue, por supuesto, mi madre, pero no pudo evitar que continuara ahogándose. Conservando la calma quizá debido a que sabía primeros auxilios me acerqué y puse en práctica lo aprendido en la compañía. Le apliqué la maniobra de Heimlich, más conocida como compresión abdominal, logrando de ese modo que regurgitara y al instante pudo respirar otra vez. Alivio para todos. Ahora que escribo estas líneas me siento feliz de haber podido salvarla. Aquello y la amistad que conservo de un gran amigo, hacen que haya valido la pena soñar con ser bombero. Ayuden en la medida de sus posibilidades a quienes lo necesitan sin pedirles nada a cambio y serán bendecidos con la felicidad que conlleva el servir.

Por Miguel Monroy
Lima, 2015