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Ayuda en el momento mas esperado

A veces las personas que menos sospechamos hacen lo que nadie se imaginaría. Nada está dicho. El transcurso de los años te convierte lamentablemente en una persona más fría y sobre todo apática, en mi caso no fue así. Transcurrían los años 2000, en los cuales tener un trabajo era necesario para subsistir, no así para darte pequeños o grandes lujos como ahora; el punto es que yo trabajaba cerca del penal de Sarita Colonia en el Callao y vivía por Benavides en Surco. Tomaba como todos los días mi combi en el Ovalo Higuereta a las 5:00am, siempre estaba oscuro, siempre era peligroso. Un día vi a un hombre que caminaba en dirección hacia el paradero donde estábamos un grupo de personas esperando el transporte, el hombre iba mal trajeado, sucio y daba miedo. Mi instinto me indicó que tomara la primera combi que apareciera para poder salir más rápido de la situación, mi alocado caminar y desesperación hizo que caminase hasta una combi que estaba a varios metros de distancia. Por desgracia la oscuridad no fue mi aliada en la huida, no vi que en la pista había un hueco y caí en él irremediablemente, sentí como si me hubieran partido en dos la rodilla derecha y no podía formular siquiera grito alguno porque el dolor era paralizante; a lo lejos vi que se acercaba a mí, casi trotando, el hombre mal trajeado. Yo rogaba que alguien del paradero viniera en mi auxilio, pero solo sentí sus miradas expectantes sobre la película de terror de la cual yo era la protagonista, luego recuerdo al hombre a pocos centímetros de mi rostro y me dijo: “No tengas miedo, yo te voy a ayudar a levantarte, mírame… sólo tengo un brazo y te voy a cargar”. Mientras me cargaba hacia la vereda me dijo: “No sé en que estabas pensando al salir corriendo de esa forma…”. Yo seguía muda, adolorida y asombrada. Luego de varios minutos apoyada en el señor, detuvo un taxi y me dijo que me fuera a mi casa, acto seguido, me fui. Suelo quedarme pensando en las cosas que me suceden y en las lecciones que aprendo, es una práctica que hago desde hace algunos años. Sólo puedo decir que después de esa experiencia dejé de ser una persona prejuiciosa y entendí que la bondad está en todos si es que nos lo proponemos, nunca le agradecí a este señor por haber sido mi “príncipe”, como algunas amigas lo llamaban luego de contarles lo que hizo por mí. Sólo espero que esté bien y que alguien también lo haya ayudado.